lunes, agosto 15, 2022

Una reforma del COU en riesgo de fracasar

A continuación reproduciremos lo escrito por Pablo Presas y enviado a La Pirámide:

Nos encontramos a mitad de camino de la reforma del Código de Ordenamiento Urbano (COU) que se está realizando este año y que debería estar finalizado para diciembre. Habiendo participado de varios de los talleres, y elaborado un aporte de más de 12 páginas, desde Pensando Concepción queremos compartir algunos puntos, siempre en modo propositivo, que vemos preocupantes y que podrían llevar al fracaso de la reforma del COU.

Cuando hablamos de fracaso no nos estamos refiriendo al esfuerzo de los consultores en finalizar su trabajo (para lo cual cobran sus honorarios) ni al Municipio que lo presentará como otro logro de su gestión, sino que nos referimos al fracaso en elaborar un nuevo COU que siente verdaderamente las bases para un mejor desarrollo y empuje de la ciudad, articulando la inversión privada y la regulación estatal para lograr un desarrollo urbano concreto y tangible.

Por eso, y siempre en clave propositiva, queremos compartir estos tres puntos como disparadores para mejorar el proceso que se está llevando a cabo:

1. Cuidado con dejar que la visión de los “arquitectos de tablero” prevalezca por sobre la de “arquitectos de obra”. El papel todo lo soporta, podemos idear la ciudad soñada, el modelo más deseado, y dejar volar las fantasías más utópicas; pero si no tenemos los pies sobre la realidad concreta, real y factible, especialmente sobre los recursos económicos y humanos con los que contamos, ese modelo quedará para siempre guardado en la biblioteca del CFI (como muchos otros).

2. Hasta ahora, si bien el discurso habla de “diálogo” y “construcción colectiva”, surge la sensación de que se busca la participación de “convalidadores” que apoyen un COU en línea con la ideología y preconceptos de los consultores y algunos funcionarios municipales; y que ningunean a los “librepensadores” que han propuesto opciones alternativas. Esta sensación es reforzada por el hecho que en cada mesa de los talleres hay 2 o 3 empleados municipales, con un discurso casi unificado y con muchas facetas anacrónicas sobre el desarrollo urbano. También por el hecho que no se han compartido todas las entrevistas y elaboraciones de los actores de la sociedad, que son los más propensos a emitir visiones alternativas, sino que se han publicado síntesis y resúmenes que tienen la propiedad implícita de la subjetividad de quienes los hacen. (Claras diferencias con el PECU 2010 donde se publicaron los relatorios de los talleres en crudo y sin editar)

3. Hay una férrea y corporativa intención de dificultar (y hasta de impedir) el desarrollo de nuevos barrios en el periurbano, impidiendo que crezca la ciudad horizontalmente. Al mismo tiempo, quieren limitar los edificios en altura impidiendo que la ciudad crezca verticalmente. Sin posibilidades ni facilidades para que la ciudad se expanda (hacia afuera o a hacia arriba) lo único que se logrará es un precio cada vez mayor de las actuales propiedades, y una creciente dificultad para que la población de menores recursos pueda acceder a su primera vivienda. (Generando un claro efecto “Lipovetzky” o disociación de una norma que busca un determinado fin y termina produciendo el efecto contrario). Además, y como si no hubiera alcanzado con la parálisis económica de la pandemia, se intenta paralizar las inversiones para el desarrollo de uno de los sectores que más multiplica la generación de valor y empleo en la economía local. (Tuvimos la parálisis del COVID y ahora tenemos la parálisis de la «Reforma del COU»)

En conclusión, y siempre en ánimo propositivo como mencionamos al principio, al mismo tiempo que reconocemos el esfuerzo y trabajo del IGC, esperamos también que se corrijan estos desvíos para que el COU llegue a representar una verdadera herramienta de éxito para el futuro crecimiento y desarrollo de nuestra ciudad.

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